viernes 18 de agosto de 2006

Buenos Aires hostil

Un día soleado de invierno, y en esta oficina sin ventanas no me queda más opción que recordar lo que he visto antes. Juncal y Suipacha ya es parte de la zona refinada de este Buenos Aires polifacético, y yo me encuentro confinada aquí, en un ámbito que no me pertenece pese a su cotidianeidad.
Lo que me asombra del barrio es su carencia absoluta de afinidad con las personas como yo, que amamos nuestro lugar simple y cálido, lejos del centro y de los horarios. Pero la hostilidad de estas calles con mi corazón no significa absolutamente nada: puedo, debo adaptarme.
Lo más terrible es la profunda dicotomía que ofrecen la Plaza San Martín, la avenida Santa Fe, los hoteles, con los dos o tres linyeras que duermen cerca de los peldaños de la iglesia del Socorro. Uno de ellos me inspira una verdadera ternura: verlo tiritar bajo una raída manta en este invierno a veces tan frío y tan lluvioso, me hace sentir que algo no está del todo bien en Juncal y Suipacha. No puedo entender la tristeza y el hambre, la miseria y la desidia, cuando en el bar de enfrente los habitués beben sus tragos sin mirar hacia atrás. Yo, por más que quiera, no puedo ignorarlo. Pero a veces también olvido recordarlo.
Juncal y Suipacha amanece, y él está allí. Juncal y Suipacha anochece, y él ya se ha ido. Me pregunto dónde estará, dónde descansará su cuerpo castigado, mientras las luces de los negocios se encienden y los vecinos apurados, e incluso yo, corremos de un lado hacia otro para escondernos en nuestra confortable coraza, cuatro paredes desde las cuales olvidamos que la pobreza no duerme mientras Juncal y Suipacha está quieta.
Es triste, pero es así… mientras el pobre linyera se acurruca y desfallece de hambre en la escalera de una iglesia de alcurnia, en la calle Arroyo se vende un dibujo de Kuitca por 50.000 pesos… En fin: podría escribir un millón de palabras, pero para qué.

3 comentarios:

carne dijo...

Cuánto compromiso!!!.
No te conozco, pero ya puedo vislumbrar los valores que te mueven.
Cada vez encuentro menos gente como vos. Seguí así. No cambies nunca. No renuncies nunca.

Mariana V. Fernández dijo...

... sí, y lo peor de todo es que nunca se puede zafar de esta realidad. A la mayoría de la gente no le importa nada del otro. La humanidad está viciada de negligencia e indiferencia.

carne dijo...

Es bueno alguien que puede resumir intelectualidad y pasión por las personas. Hay tantos pseudo-intelectuales que tienen prensa y solo viven de sus palabras vacías y lugares comunes. Gracias. Seguí adelante. Tal vez pronto te pueda proponer algo.